Hace años, recuerdo lo emocionado que era pensar en llegar a graduarme de la universidad. Ilusionado con la idea romántica de lo maravilloso que sería ser etiquetado como profesionista o hasta doctor. La idea de llegar a ese objetivo enmarcado durante gran parte de mi vida con las alegorías siendo remitente ésta: ¡la maravillosa vida! Cómo no pensar en que esas latitudes darían el quiebre hacia mis predilectos presagiados por tantos sueños que fueron brotando desde niño hasta llegar a lo que son hoy, sólo cenizas.
De niño no fui alguien que se considerase normal, me gustaba recorrer los valles solitarios del campo. En épocas donde el maíz brotaba hasta la cúspide de los cielos, mi pequeño cuerpo se escondía, burlón, risueño y solitario entre los maizales, jugando a ser un niño apartado del mundo, pensando en que las presiones escolares y de mi padre no me encontrarían, siendo ese escondite un pirámide en el cual yo podía escalar y ver que la fuerza y templanza la poseía ahora yo.
Mi círculo social no fue rico, más bien, fue selecto. Acompañado de pocos amigos durante toda mi vida, fui dirigiéndome en un rincón solitario, agradable, reconfortante. Si mis sueños seguían vigentes, el de poder ayudar, colaborar para mejorar algo, en algún aspecto social o científico o ambos, qué más daba el mundo de social de afuera. Todo eso fortalecía mis valientes energías para emprender el trabajo que eso requería para poder llegar a la meta.
Hoy, después de tantos años parado, sembrando las semillas cuidadosamente desde hace ya tiempo. Llego en el punto de quiebre en el que entiendo que no puedo ayudar mucho. Entiendo mi demora en este momento histórico. ¡He llegado tarde! No puedo hacer nada para colaborar con la especie humana, no por pereza, no por energía, sino por el momento desahuciado de la sociedad. Todo moribundo ya, viviendo un cáncer terminal en la que los médicos (científicos, ecologistas, sociólogos, escritores, filósofos) llaman la sexta extinción masiva. ¿Nosotros nos salvaremos?, más bien, ¿merecemos ser salvados? Llegue tarde y un existencialismo brutal carcome mi espíritu esta noche ahogándolo en un charco de sangre, la sangre que brota de la resignación cuando se está dando todo por perdido.
lunes, 20 de mayo de 2019
El dolor de una juventud perdida
martes, 14 de mayo de 2019
Más frío ahora
Ahora
Me duele el mundo
La piel me estremece cada que observo lo que hay
Todo, el minúsculo rasgo de crueldad
se ha convertido en un monstruo gigante que ya no me deja soñar
con aquel mundo mejor
La vida tiene la cara más sangrienta
y en cada paso
parezco caer al precipicio
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